El 30 de julio de 2026, Google activó dentro de Google Earth un botón llamado Crear imagen. Con una sola frase, cualquier persona podía superponer una escena inventada, generada por el modelo Nano Banana 2, sobre el mapa satelital real del planeta.
El viernes 31, la función ya estaba suspendida.
En ese lapso, el investigador neerlandés Henk van Ess “plantó” un campamento de refugiados junto a la frontera entre México y Estados Unidos, una planta nuclear en Irán y un hospital bombardeado en Gaza. Otros usuarios fabricaron la Torre Eiffel derrumbada, un socavón tragándose la pirámide de Giza y tanques rusos en Kiev. Las capturas salieron de la plataforma y empezaron a circular por redes como si fueran evidencia.
La historia se contó en el mundo como un tropiezo más de Google: lanza, escándalo, retirada, comunicado. Pero conviene leerla despacio, porque aquí en México el daño potencial puede ser más grande de lo que se piensa.
¿Qué fue lo que pasó?
Los hechos verificados son estos:
El 30 de julio, Google anunció en su blog la integración de Nano Banana 2 a Google Earth web. La instrucción de la empresa era literal: acércate a un lugar, toca “crear imagen” y escribe lo que quieras ver. Los usos sugeridos iban de visualizar proyectos inmobiliarios a reimaginar espacios vacíos.
El mismo día, especialistas en verificación y en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) demostraron el riesgo con ejemplos concretos: escenas de desastres, conflictos e instalaciones militares inexistentes, montadas sobre cartografía real.
Google respondió primero que toda imagen llevaba una marca de agua digital invisible (SynthID), verificable con Gemini o Google Lens, y que sus filtros bloqueaban temas dañinos.
Ninguna de las dos defensas resistió la prueba. Van Ess generó un hospital con un cráter de bomba en Gaza pese a los filtros. Y cuando Ars Technica fotografió una de las imágenes con la cámara de otro teléfono —como viajan las capturas en la vida real—, el verificador de Google ya no pudo detectar la marca. Gemini, además, limitaba esas verificaciones a unas diez por día.
El 31 de julio, Google suspendió la función. Su comunicado admite que la gente estaba «compartiendo capturas de imágenes generadas que parecen violar nuestras políticas» y anuncia un regreso «con controles más fuertes». No hay cancelación ni fecha.
Hay tres cosas detrás del anuncio que vale la pena separar.
Primero, la marca de agua protege a la empresa, no al público. Las imágenes falsas no llegan como archivos limpios con sus credenciales intactas: viajan como capturas de pantalla, videos grabados a otro monitor, reenvíos de WhatsApp. Una protección que desaparece en el primer reenvío no protege nada, solo le permite a la empresa decir que avisó.
Segundo, el daño mayor es invisible. A partir de ahora, cualquier imagen satelital auténtica e incómoda puede ser descartada con una frase: eso se fabrica con IA, hasta Google tiene la herramienta. Los investigadores lo llaman el dividendo del mentiroso: cuando fabricar evidencia falsa es barato y conocido, la evidencia verdadera pierde valor de cambio.
No hace falta que nadie genere un solo falso de un rancho en Jalisco para que el hallazgo se vuelva discutible, basta con que el público sepa que podría existir.
Tercero, Google no canceló: pausó. La función volverá “con controles más fuertes”, en palabras de la propia empresa. Los expertos que documentaron derechos humanos con Google Earth durante años, el laboratorio humanitario de Yale, la organización WITNESS, pidieron algo distinto: preguntarse si esa herramienta debería existir ahí en absoluto.
Esa pregunta sigue abierta.
¿Por qué esto pega distinto en México?
En México, las imágenes satelitales hacen el trabajo que algunas instituciones no hacen. Cuando el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco localizó en marzo de 2025 el Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, un predio vinculado al CJNG con fosas clandestinas y más de 500 indicios, incluidos restos óseos, la reconstrucción de lo ocurrido se hizo, en parte, con el historial de imágenes de Google Earth.
El equipo de CICA documentó cómo el predio pasó de terreno baldío en 2011 a centro de exterminio: construcciones entre 2014 y 2015, actividad vehicular en 2017, modificaciones año con año hasta 2025. Esa cronología visual es hoy parte del expediente público.
Ahora imagina esa misma investigación en 2027, con una herramienta de Google capaz de fabricar “evidencia” satelital en segundos y con un público que ya lo sabe. La labor, que ya opera contra la indiferencia y, a veces, contra las propias autoridades, ganaría un enemigo nuevo: la duda automática.
México ya vivió, este año, lo que pasa cuando las imágenes falsas se mezclan con una crisis real. El 22 de febrero de 2026, durante los operativos en Jalisco que terminaron con la muerte de Nemesio Oseguera “El Mencho” circularon videos fuera de contexto, fotografías antiguas e imágenes creadas con IA que mostraban ciudades fuera de control, incluida la versión falsa de un aeropuerto tomado por hombres armados.
Reuters documentó que los contenidos falsos se compartieron miles de veces; investigadoras como Jane Esberg, de la Universidad de Pensilvania, señalaron un patrón deliberado para proyectar ingobernabilidad. El capítulo mexicano del Digital News Report 2026, elaborado por académicos de la Universidad Panamericana, usa ese día como el ejemplo de cómo el miedo viaja más rápido que la información verificable.
Eso fue con herramientas genéricas de IA. Lo que Google estrenó y retiró en julio era algo peor en un sentido específico: falsos con cartografía real debajo, con la estética de la plataforma que usamos para verificar todo lo demás.
El terreno informativo mexicano amplifica el problema. Según el Digital News Report 2026 del Reuters Institute:
El 66 % de las personas en México se informa cada semana a través de redes sociales, una proporción estable desde hace una década, mientras la televisión cayó de 65 % a 34 % y la prensa escrita de 51 % a 16 % desde 2017.
La confianza general en las noticias bajó a 31 %: cinco puntos menos que el año anterior y por debajo del promedio mundial (37 %), que ya es el más bajo desde que existe la medición.
Globalmente, solo 22 % confía en las noticias que encuentra en redes sociales y 20 % en las respuestas de chatbots de IA: precisamente los dos canales que más crecen como puerta de entrada a la información.
La mayoría del país se entera del mundo en el espacio donde los falsos circulan sin fricción, y ya no confía casi en nada de lo que ve ahí. A ese ecosistema se le suma ahora la posibilidad de fabricar “evidencia geográfica”.
El entorno delictivo también empuja en la misma dirección. Sumsub, una de las plataformas de verificación de identidad más grandes del mundo, reporta que los incidentes de fraude con deepfakes crecieron 255 % en América Latina entre 2023 y 2024, una de las tres regiones con mayor aumento, y que globalmente se multiplicaron por 40 en dos años, con otro salto de 700 % interanual en el primer trimestre de 2025. La fabricación de realidad sintética ya opera como una industria en expansión, y crece más rápido en regiones, como la nuestra, donde la verificación institucional es débil.
El vacío institucional, de cara a 2027
México ya tiene un antecedente electoral con IA: en el proceso de 2024 se documentaron deepfakes, audios manipulados y redes de bots, según el análisis del EON Institute y la Fundación Friedrich Naumann, que concluyó algo incómodo: las instituciones mexicanas carecen de mecanismos efectivos para mitigar estos riesgos.
El avance regulatorio desde entonces es delgado. En septiembre de 2024, la Sala Superior del TEPJF ordenó al INE modificar sus lineamientos para verificar el uso de imágenes generadas con IA en propaganda electoral (el expediente SUP-REC-893/2024, sobre la imagen de un menor creada artificialmente). Un acuerdo publicado en el Diario Oficial en marzo de 2025 reconoce que ese cumplimiento sigue pendiente. Es decir: a diez meses de las elecciones federales de 2027, la regla más concreta que existe sobre IA en campañas es una orden judicial acotada a la protección de la niñez, aún sin ejecutarse por completo.
En marzo de 2026, en una conferencia organizada por el propio INE, el investigador Jorge Francisco Aguirre Sala (UANL) advirtió que, si se mantiene la tendencia, el uso de granjas de bots y contenido automatizado en campañas podría multiplicarse varias veces rumbo a 2027. Es una proyección de un especialista pero apunta en la dirección de todo lo demás que hemos descrito.
Mientras tanto, el actor que estuvo a punto de degradar la evidencia satelital del país tiene nombre propio: la empresa que opera los mapas con los que México trabaja y verifica.
¿Quién gana y quién queda expuesto?
Ganan, a corto plazo, los actores que viven de la duda: campañas sucias, redes de fraude, gobiernos y grupos criminales a los que les conviene que nada sea comprobable. También gana Google en aprendizaje: descubrió, gratis, dónde están los límites de su próximo lanzamiento.
Quedan expuestos los oficios que convierten imágenes en verdad: periodistas de investigación, verificadores, colectivos de búsqueda, organizaciones de derechos humanos y, en última instancia, cualquier ciudadano que quiera comprobar algo con sus propios ojos. Y queda expuesta la autoridad electoral, que llegará a 2027 con un ecosistema informativo más degradado que el de 2024 y con reglas aún incompletas.
¿Qué se puede hacer con esto?
Cuatro movimientos concretos, según dónde estés parado.
Si trabajas en una redacción o en verificación: adopta una regla dura para imágenes satelitales, ninguna se publica a partir de una sola captura. Cruza con fuentes independientes y actualizadas (el programa europeo Copernicus Sentinel-2 es gratuito; Planet ofrece archivo comercial), revisa el historial temporal de la zona y conserva el archivo original con metadatos. Henk van Ess, el mismo que destapó el problema, recomienda exactamente eso: múltiples fuentes, siempre.
Si participas en un colectivo o documentas territorio: descarga y archiva hoy las series históricas de las zonas que investigas, con fecha y fuente anotadas. Cuando la disputa sobre autenticidad llegue, el valor estará en la cadena de custodia del archivo, no en la imagen suelta.
Si solo consumes noticias: una sola pregunta antes de reenviar una imagen satelital alarmante: ¿quién la publicó primero, cuándo y con qué fuente? Si en treinta segundos no encuentras respuesta, no la compartas. Es higiene mínima para un país donde el 66 % se informa por redes.
La pregunta que queda…
Durante décadas, la imagen satelital fue el árbitro silencioso de las disputas sobre el territorio: lo que pasó, dónde y cuándo. En México ese árbitro resolvía desde investigaciones periodísticas hasta búsquedas de personas.
Lo ocurrido a finales de julio deja claro que el árbitro también vende pinceles , y que piensa volver a venderlos con controles más fuertes. Quizá la función regrese blindada y nunca pase nada grave.
Pero la pregunta que deja no es técnica sino institucional: cuando cualquiera pueda fabricar el mapa, ¿quién en México, con qué recursos y con qué autoridad certifica el territorio?
Hoy no hay respuesta. Conviene construirla antes de que haga falta.
Fuentes
Ars Technica — «Google Earth releases, swiftly retracts AI feature to make fake satellite images» (31 de julio de 2026). Pruebas de SynthID y verificación fallida.
CBC News — «Experts are slamming a now-suspended AI feature on Google Earth. What’s at stake?» (8 de agosto de 2026). Declaraciones de Nathaniel Raymond (Yale) y Sam Gregory (WITNESS); ejemplos de Henk van Ess.
Agencia NA — «Google Earth suspendió la función para crear fotos con IA» (10 de agosto de 2026). Catálogo de falsos virales.
CICA — «Lo que nos dicen las imágenes satelitales sobre la cronología de los eventos en el Rancho Izaguirre de Jalisco» (marzo de 2025). Análisis de imágenes de Google Earth 2011–2025.
Central Electoral, INE — «Digital News Report 2026: el mundo dejó de confiar en las noticias» (julio de 2026). Cobertura de la muerte de «El Mencho» y cifras de México del DNR 2026.
Alianza de Medios MX — «Confianza en las noticias en mínimos en México: Digital News Report» (junio de 2026). Series 2017–2026 por canal.
GIJN — «2026 Reuters Institute Digital News Report» (julio de 2026). Confianza por canal: buscadores, redes sociales, IA.
Sumsub — Identity Fraud Report 2024 y reportes Q1 2025 / iGaming 2025 (crecimiento de deepfakes por región y salto Q1 2025; vía agregación de FluxForce).
Fundación Friedrich Naumann / EON Institute — «AI and its influence in Mexico’s 2024 elections» (2025). Desinformación con IA en el proceso electoral 2024.
TEPJF, Sala Superior — Comunicado 427/2024 (septiembre de 2024) y Acuerdo INE, DOF 11/03/2025. Estado de la regulación sobre IA en propaganda electoral.
INE, Central Electoral — Conferencia «Inteligencia artificial, participación política y retos para regular su aplicación y uso» (marzo de 2026).
Los datos reportados por empresas (Google, Sumsub) se citan como tales; donde no existe evidencia específica para México, lo señalamos en el texto. Esta publicación no tiene relación comercial con ninguna de las fuentes citadas.







